Mi pobre niño siempre tiene una pupa, cuando no se cae en el colegio, se cae en el patio, pero lo cierto es que o tiene un chichón en la frente o postillas en las rodillas o, como ahora, una herida en la barbilla. Lo malo es que las heridas de la barbilla ya le han creado una cicatriz que casi con seguridad llevará toda su vida. Es demasiado atrevido, mira que estamos todo el día pendientes pero mi piratamosquetero se sube a los árboles de los Jardines de Murillo, en el ficus de la Plaza del Cristo de Burgos, en todos los arriates conocidos, en los bordillos, en los bolardos de las calles y es imposible que pase un día sin que pegue un resbalón.
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